
El Barça se obstinó en la primera parte en jugar por el centro, con movimientos constantes y apariciones retrasadas de Villa, y pecó de exceso de laboriosidad por dentro. Los valencianos construyeron dos muros en sendas líneas y la entrada del balón al área resultaba complicada. El libro de estilo culé se cumplía escasamente y las bandas no eran utilizadas como en otros partidos.
La ausencia de Messi, primer destatascador del equipo, y esa falta de luz para ver más allá de los muros, hacia presagiar complicaciones, cuando al descanso el empate inicial proseguía.
En la segunda parte, sin apenas tiempo para comprobar si la comunicación de Guardiola con sus jugadores en el vestuario había dado resultado, apareció el abrelatas canario para resolver el problema con dos goles gracias a las asistencias del aún no renovado Alves.
Pep ya lo había decidido en el descanso. Faltaba fluidez en el medio y decidió ponerle magia juvenil al juego con Thiago, que sustituyó a un aseado Mascherano, para darle mayor verticalidad al balón. El juego mejoró, aunque es cierto que los goles de Pedro permitieron aumentar los espacios. No obstante, el Levante volvió a poner incertidumbre en el ambiente al marcar Stuani un magnífico gol. Las dudas sólo surgieron en el marcador, pues ese gol no fue producto de un mayor peligro por parte levantina.

(Las fotografías son de Claudio Chaves y pertenecen a www.elmundodeportivo.es)

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