
El fútbol cambia por momentos. Si alguno de los peligrosos ataques alemanes hubiera acabado en la red, quizá estaríamos hablando de una nueva pañolada como la del domingo y del final de la temporada.
Desastroso primer tiempo. No sé si por el miedo o por qué, pero el Barça no jugó un pimiento y orilló la tragedia con demasiada inconsciencia. Una jugada, un despeje forzado en la línea de gol alemana fue a parar al bueno de Yayá, al lesionado marfileño, que sin darle de lleno alojó el balón en la portería contraria.
El Barça se serenó, se tranquilizó y jugó mejor, más suelto. No obstante, mucha suerte tiene que acompañar al equipo, mucho tienen que mejorar los cracks para superar al Manchester, pero por qué no soñar, por qué no pensar que con la categoría que se les supone pueden eliminar a los ingleses en dos noches memorables. Sé que es difícil, pero quiero ver la botella medio llena y creer en una resurrección milagrosa. El desequilibrio de Messi, una mejora repentina de Eto'o y la chispa de Bojan, más un esfuerzo suplementario del veterano Henry (parece que juega ya como un jugador retirado) a lo mejor consiguen la sorpresa. Por qué no soñar. Para nada necesitamos a los jugadores apartados. Estos que se vayan. Lucharemos con lo puesto, pero por lo menos si debemos caer, caigamos con orgullo profesional.
Y Rijkaard que esté más atento a los detalles. Hoy cometió un error impropio en un entrenador psicólogo. Si sabes cómo está el patio, si ves que tu mejor jugador es Bojan, intenta mantenerlo en el campo y no lo retires porque te expones a las protestas del público, por supuesto inmerecidas e inoportunas, pero Frank se tenía que haber dado cuenta de eso, o al menos algún ayudante se lo tenía que haber advertido. Hay que estar atento a los detalles.

