
Máxima concentración, máxima entrega. Jugadores con el prestigio en caída recuperando su imagen (Zambrotta y Abidal). Mucha contención de las alegrías atacantes, mucho control, salvo al principio, y, sobre todo, mucha falta de remate. Pero, la sensación final es de satisfacción.
Satisfacción porque pudo ser peor. Porque de no haber fallado Ronaldo el penalty, estaríamos hablando de una eliminatoria sentenciada. No fue así. Los santos y lo no tan santos se aparecieron y el balón se fue a donde se tenía que ir para que el Barça gane la Champions.
Decepcionó el Manchester, pero en especial a los que esperaban que anoche arrollara y goleara al Barça. Eso se nota. Por eso, el buen juego del Barça, aunque contenido, no podía ser magnificado. Su razón tenían aquellos que dijeron que a nuetro equipo le falta remate. Seamos sinceros. No terminamos una jugada con decencia desde no se cuántas semanas. Seamos sinceros, el equipo no tiene frescura, pero pese a todo salimos a soñar y, además, seguimos soñando.
De extraordinaria cabría calificar la actuación del público. Como tampoco podía ser menos en una noche como ésta. Si este equipo hubiera estado mejor preparado, seguramente con todos los sentidos puestos como salió, habría acabado ganando, y a lo mejor, hasta goleando.
De todas las maneras, sigue habiendo esperanza. Esta eliminatoria me recuerda un poco a la del Milán, cuando el Barça luego ganó en París la final. Entonces un gol de Giuly, en una eliminatoria de ftúbol control por parte de ambos equipos, dio el pase del Barça a la final. Por lo tanto, hay esperanzas, tengamos más confianza y levantemos los ánimos.

